
Miro mis manos y las veo poco curtidas. Las comparo con las de mi Padrino, ya muerto, ásperas, gastadas, demacradas a causa del trabajo diario, arduo y duro. Y agradezco eternamente que yo pueda estar estudiando lo que me gusta: literatura, arte, cultura clásica, filosofía...
En mi facultad veo los rostros de mis compañeros. La mayoría son unos rostros tristes, que esconden esta tristeza bajo una superflua máscara: una sonrisa absurda, unas gafas de sol, una charla jactándose de la última cogorza que pillaron o de la “tía a la que me he tirado este finde”. Muchos de ellos no estudian lo que les gustaría estudiar, pero el gran problema reside en que la gran mayoría no sabe qué le gustaría estudiar. Sí, yo estudio lo que quiero, lo que realmente me apasiona, me llena interiormente y me mueve a leer, a trabajar y a aprender. En cambio muchos de ellos estudian para contentar a sus padres.
¿Y para qué coño vas a estudiar algo que no te gusta? Cuando les exhortas de esta forma la mayoría de respuestas que recibes son: “No lo sé...” Yo sí lo sé, para ser infeliz. Y sus rostros son un fiel reflejo de la mediocridad que arrastran. Puta mediocridad.
Esta es la plaga que contamina la juventud del siglo XXI. La sociedad está llena de mediocres que podrían ser genios y simplemente no quieren luchar por ello. Siento que estoy condenado a ver de cerca la mediocridad que no a convivir con ella porqué convivir con la mediocridad es morir. No hay punto intermedio. O creces o disminuyes, es ley de vida. Me siento encerrado en esta gran pecera al aire libre, un zoológico cuyas únicas paredes son las del universo. Al menos soy consciente de la existencia de esta pecera, de este zoológico, pero porqué me he querido dar cuenta y quiero combatir contra este gran sistema implantado.
Lo sé, siempre pasa igual, a los grandes genios, en su presente, siempre los ignoran y los abuchean los sectores afectados cuando dan soluciones a los grandes problemas del momento. Sino fijaros en Juan Pablo II el Grande. Dio la solución a esta plaga y son pocos los que se han atrevido a escucharle y a llevarla a la práctica. Precisamente hablaba de los jóvenes con esmero, con esperanza, afirmando que ellos viven la mejor etapa de la vida ya que los jóvenes tienen una especial facultad para ponerse metas altas y no parar hasta conseguir verlas realizadas. Todas las metas que consigamos durante nuestra juventud conformarán nuestra identidad como adultos.
Y la mayoría de los jóvenes, ¿cómo responden a esta gran llamada? Con soberbia, con indiferencia, con escepticismo: Saliendo de fiesta, emborrachándose, consumiendo drogas y follando. ¡Qué respuesta más efusiva! La mediocridad va consumiendo lentamente sus vidas y, en algunos casos, vertiginosamente. Hacen suya, propia, la mediocridad que se respira en el ambiente del mundo de hoy. Y ésta es la peor condena que se puede sufrir. En esto no hay felicidad sino desconcierto, insatisfacción e infelicidad. El hombre debe ser feliz y no hay punto medio ya que ese punto medio es la mediocridad. Todo lo que no ensalza al ser humano lo lleva precipitadamente al vacío, a la miseria, a la auto destrucción. Y esto es precisamente lo que nos decía el Papa, pero en clave positiva: arriba, arriba, arriba, siempre hacia arriba. Metas altas. En fin, yo no puedo cambiar el mundo así que solo queda arrodillarse ante la Cruz del Redentor y suplicar.
En mi facultad veo los rostros de mis compañeros. La mayoría son unos rostros tristes, que esconden esta tristeza bajo una superflua máscara: una sonrisa absurda, unas gafas de sol, una charla jactándose de la última cogorza que pillaron o de la “tía a la que me he tirado este finde”. Muchos de ellos no estudian lo que les gustaría estudiar, pero el gran problema reside en que la gran mayoría no sabe qué le gustaría estudiar. Sí, yo estudio lo que quiero, lo que realmente me apasiona, me llena interiormente y me mueve a leer, a trabajar y a aprender. En cambio muchos de ellos estudian para contentar a sus padres.
¿Y para qué coño vas a estudiar algo que no te gusta? Cuando les exhortas de esta forma la mayoría de respuestas que recibes son: “No lo sé...” Yo sí lo sé, para ser infeliz. Y sus rostros son un fiel reflejo de la mediocridad que arrastran. Puta mediocridad.
Esta es la plaga que contamina la juventud del siglo XXI. La sociedad está llena de mediocres que podrían ser genios y simplemente no quieren luchar por ello. Siento que estoy condenado a ver de cerca la mediocridad que no a convivir con ella porqué convivir con la mediocridad es morir. No hay punto intermedio. O creces o disminuyes, es ley de vida. Me siento encerrado en esta gran pecera al aire libre, un zoológico cuyas únicas paredes son las del universo. Al menos soy consciente de la existencia de esta pecera, de este zoológico, pero porqué me he querido dar cuenta y quiero combatir contra este gran sistema implantado.
Lo sé, siempre pasa igual, a los grandes genios, en su presente, siempre los ignoran y los abuchean los sectores afectados cuando dan soluciones a los grandes problemas del momento. Sino fijaros en Juan Pablo II el Grande. Dio la solución a esta plaga y son pocos los que se han atrevido a escucharle y a llevarla a la práctica. Precisamente hablaba de los jóvenes con esmero, con esperanza, afirmando que ellos viven la mejor etapa de la vida ya que los jóvenes tienen una especial facultad para ponerse metas altas y no parar hasta conseguir verlas realizadas. Todas las metas que consigamos durante nuestra juventud conformarán nuestra identidad como adultos.
Y la mayoría de los jóvenes, ¿cómo responden a esta gran llamada? Con soberbia, con indiferencia, con escepticismo: Saliendo de fiesta, emborrachándose, consumiendo drogas y follando. ¡Qué respuesta más efusiva! La mediocridad va consumiendo lentamente sus vidas y, en algunos casos, vertiginosamente. Hacen suya, propia, la mediocridad que se respira en el ambiente del mundo de hoy. Y ésta es la peor condena que se puede sufrir. En esto no hay felicidad sino desconcierto, insatisfacción e infelicidad. El hombre debe ser feliz y no hay punto medio ya que ese punto medio es la mediocridad. Todo lo que no ensalza al ser humano lo lleva precipitadamente al vacío, a la miseria, a la auto destrucción. Y esto es precisamente lo que nos decía el Papa, pero en clave positiva: arriba, arriba, arriba, siempre hacia arriba. Metas altas. En fin, yo no puedo cambiar el mundo así que solo queda arrodillarse ante la Cruz del Redentor y suplicar.

6 comentarios:
Aixo em recorda la canço de Manà "Combatiente", seria un bon resum de força part d'aquest text.
Per que em de ser iguals que la resta si podem ser diferents, millors?
Crec que aquesta pregunta també reflecteix el que vols dir. desgraciadament em sembla que trigarem molt a canviar-ho, pero no ho dubtis...SEGUIREM LLUITAMT!!
Una abraçada Torre!
Un saludo Josep Maria;
"Miro mis manos y las veo poco curtidas. Las comparo con las de mi Padrino, ya muerto, ásperas, gastadas, demacradas a causa del trabajo diario, arduo y duro. Y agradezco eternamente que yo pueda estar estudiando lo que me gusta: literatura, arte, cultura clásica, filosofía..."
¿Agradeces el no tener las manos curtidas? Te iría bien un campo de trabajo. Tu "padrino" sabía más de la vida real que todos nosotros juntos.
Alguien dijo una vez: "Obras son amores y no buenas razones".
Con cariño...
Àlvar! Agradezco poder estudiar lo que me gusta, que no es lo mismo que no tener las manos curtidas. Buena reflexión, de todas formas. Pero no iba por ahí la metáfora. Campos de trabajo, como sabes ya he hecho.
Agradezco el poder estudiar lo que me gusta, algo que el Padrí no va poder fer.
Otro dicho dice: "Es de buen nacido ser agradecido"
Amb carinyo! Una abraçada!;)
Torre
¿A qué viene eso de..."Es de buen nacido ser agradecido"?
Es una coletilla que tiene relación con la primera linea del comentario. Que agradezco no solo poder estudiar lo que me gusta, sino el hecho de poder estudiar, que ya es mucho. Va por eso la frase hacha. Bueno en realidad como usaste tu una pos me dije, voy a usar yo otra.
jaja
Bueno cuidat força!una abraçada!
OLÉ OLÉ Y OLÉ!!
Me ha gustado el texto, y muy cierto. Aunque he de añadir que, junto a esa gente imbécil, que está desperdiciando su vida, convivimos miles de personas(jóvenes la mayoría) que contamos con ideales, con ganas de luchar por lo que merece la pena, que vivimos con ilusión. Y éstos, somos la esperanza de la humanidad, un chorro de luz en este mundo ceniciento. Y sabemos donde se encuentra la verdadera felicidad: empeñarse en querer a los demás al tiempo que nos abandonamos en el Señor.
Josep Maria... no seas pesimista hombre, que quedamos muchos con cabeza, y corazón!
Publicar un comentario